
Cuando abrí la puerta de mi oficina el lunes 3 de enero a las 9 de la mañana después de volver de mis vacaciones sentí un fuerte impulso de salir de ahí. Me di cuenta que no iba a poder sostener éste trabajo alimenticio un año más. Mis metas de casarme y terminar la maestría son importantes, es verdad, pero basta de buscar excusas válidas para justificarme el por qué seguir acá.
Empecé a trabajar a fines del 2006 en el Ministerio, comencé desde abajo, estaba estudiando y me quedaban 13 finales para recibirme. En ese momento me servía porque podía dedicarme a estudiar y de paso juntar unos pesos para vivir sola. Después, cuando me recibí, comencé muy paulatinamente a crecer laboralmente, más tarde empecé una maestría que me la financiaba el trabajo y ahora me pesa la decisión de casarme.
Cuando escuche el relato de esa mujer, una angustia terrible me estranguló el pecho y me juré que nunca me iba a pasar eso a mi. Y después me pregunté: ¿Qué es la vida para mi? Y es tantas cosas … es tener tiempo para mis amigas, para mi, para estudiar cuanta cosa se me antoje, para estar con mi familia, mi novio, mi perro, para viajar y disfrutar y me di cuenta que mi trabajo era compatible con todo eso y me relajé, o mejor dicho me achanché. Y ahora me vuelve el monstruo a hacer ruido adentro y siento que ser productivo es estar vivo, veo el orgullo y la dignidad de tener un trabajo que se ame aunque saque tiempo para todo el resto.
Tengo 26 años, siempre pensé que a esta edad iba a estar en plena carrera al éxito, y que iba a tener súper claro lo que eso significaba para mí. Pero me encuentro perdida, en medio de una dualidad que no puedo resolver y es no poder compatibilizar mi pasión (escribir) con lo que estudié, que es lo que me da de comer. Y dentro de lo que estudié me gustan tantas cosas! podría abarcarlo casi todo, lo que sólo hace que mi cabeza se complique más y más. Esta falta de seguridad en mi misma, hace que mi autoestima laboral este bajo tierra. No me siento útil para nada, no tengo seguridad de que sepa hacer algo bien, me siento un ser sin oficio.
Me di cuenta que muchas mujeres tapan esa voz interior con un buen matrimonio o con la felicidad de la maternidad, pero el ruido va más allá de lo laboral o meramente económico, está relacionado directamente con descubrirnos y crearnos en una esfera extremadamente personal, más allá de todos los vínculos afectivos que nunca van a dejar de rodearnos.





